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Published on febrero 10th, 2018 | by Jandro

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Cuento Gore

Que tal así?

Caperucita llegó a casa de su abuelita. Llamó a la puerta y esperó una respuesta sin el más mínimo éxito. Pasado algo más de un minuto, y viendo que nadie atendía sus deseos de entrar en la casa, decidió comprobar si, en efecto, la puerta estaba cerrada o simplemente entornada por lo que la empujó levemente. La puerta cedió con un chirriante quejido.

La dulce niña penetró en la estancia y notó enseguida el extraño olor que la invadía. Era similar al que permanece en un comedor después de un opíparo ágape, el aire pesado, aromas de alcohol flotando en él, y humo cigarrero. En el fondo de la sala se hallaba el camastro que, en esta ocasión había ocupado el lobo diez minutos antes de que llegara la niña. Alcanzar el lecho no le fue fácil después del banquete, pero en cuanto tocó sábana quedó preso de Morfeo sin necesidad de grillete alguno. El animal se había comido a la abuela y tan solo había dejado de ella su cofia puntillada que iba a servirle de disfraz para engañar a la inocente nieta que tenía que venir.

Lentamente y no sin cierto recelo, la pequeña fue acercándose a la cama. Poco a poco apreciaba mejor los ronquidos de su abuela, circunstancia ésta que le era novedosa pues la viejecita tenía a gala sus dotes de finura y, ni en sueños, renunciaba nunca a ellas. No fue únicamente la estruendosa respiración lo que extrañó a Caperucita, sino que al llegar junto a ella observó un rostro completamente compungido, extremadamente enrojecido e incluso desencajado. Pensó que lo mejor sería preguntarle el porqué de su cambiada morfología e inició el interrogatorio acerca de sus ojos, su nariz, sus orejas.

El lobo, que apenas podía articular palabra por el sueño que arrastraba y el empacho que albergaba, fue respondiendo a duras penas a cada una de las preguntas, cada vez con más dificultad. Notaba como se removían sus entrañas y le costaba concentrarse en el objetivo. Pero, ¿cómo iba a comerse a Caperucita si no le quedaba ningún rincón libre en su estómago?. Allí, en la víscera lupina, la anciana se negaba a que fuera esa su última morada y se debatía con esfuerzo para ascender, vía esófago, hasta recobrar la libertad.

Justo en el momento en que Caperucita se interesaba por las dimensiones de la boca del lobo, y antes de que éste pudiera responder, el animal sintió un fortísimo tirón en las mandíbulas que desencajaron la boca ya de por si enorme y de su interior fue emergiendo la cabeza de la abuelita que, envuelta en jugos gástricos aún inofensivos, advertía a su nieta gritando una y otra vez: Huye, huye desgraciada que es un farsante.

Y así fue como Caperucita logró salvarse de las fauces del lobo, huyendo de la casa de la abuelita. La anciana, después de lavarse y recomponer su aspecto tradicional contactó con sendos leñadores que dieron buena cuenta del lobo tragón.

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2 Responses to Cuento Gore

  1. Núria Niubó says:

    M’encanta Jandro! Mooolt Gore i molt engrescador, enganxa des del començament!

  2. Gloria says:

    Magnìfico

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